con imágenes tomadas de la red
En un mundo donde las lenguas indígenas luchan por sobrevivir, el otomí en Guanajuato enfrenta retos enormes.
Aurea De Santiago Sánchez, maestra de lengua indígena, ha dedicado más de 20 años a enseñarlo en un contexto donde muchos lo consideran innecesario.
Sin embargo, su labor va más allá de las aulas: es un acto de resistencia y preservación cultural.
Cuando Aurea comenzó a impartir clases, encontró rechazo en muchas formas.
Algunos alumnos se tapaban los oídos, los padres desalentaban a sus hijos y otros docentes minimizaban la importancia del idioma.
Sin embargo, con el tiempo y mucho trabajo, la percepción ha cambiado.
Hoy, cada vez más niños llegan con curiosidad y ganas de aprender, y sus familias valoran la enseñanza de una lengua que forma parte de la identidad de la región.
En Guanajuato, el otomí no se habla de manera cotidiana, lo que dificulta su aprendizaje.
A diferencia de otras comunidades donde se transmite de generación en generación, aquí se imparte unas horas a la semana.
Otro punto desfavorecedor es la falta de continuidad en secundaria, pues el inglés toma su lugar en el currículo.
Aun así, Aurea ha encontrado maneras creativas de enseñarlo, a través de juegos, canciones y dinámicas.
Así, poco a poco los niños logran familiarizarse con el idioma sin recurrir al español.
Actualmente trabaja en la escuela Jaime Nuno de Jalpilla en el municipio de Comonfort en donde se consideran al menos 13 comunidades indígenas.
En la comunidad de Misión de Chichimecas, en San Luis de la Paz, la escuela primaria Chupitantegua ha sido clave en la enseñanza del Úzá, un dialecto Chichimeca Jonáz.
Esta es una de las pocas escuelas que imparte clases de la lengua Úzá.
La escuela primaria cuenta con dos turnos: matutino, como escuela Chupitantegua, y vespertino, como Nación de Chichimeca.
Desde 1997, Juan Baeza López y Alejandro García López han trabajado para mantener vivo este idioma.
Tienen la esperanza de que su enseñanza continúe fortaleciéndose en el sistema educativo estatal.
Preservar las lenguas indígenas no solo es una cuestión lingüística, sino un esfuerzo por rescatar la historia y el conocimiento de los pueblos originarios.
La labor de estos maestros demuestra que, con educación y compromiso, es posible mantener viva una lengua que aún tiene mucho que contar.
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