imagen tomada de mexicodesconocido.com
El Jardín de los Colibríes en Querétaro se ha convertido en un refugio clave para estas pequeñas aves y en un proyecto innovador que combina ciencia, conservación y participación ciudadana.
Ubicado dentro del Jardín Botánico Regional de Cadereyta “Ing. Manuel González de Cosío”, en el municipio de Cadereyta de Montes, este espacio forma parte de un esfuerzo por proteger a los polinizadores frente a amenazas como el crecimiento urbano y el cambio climático.
El proyecto depende del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro (CONCYTEQ) y está dirigido por el biólogo Emiliano Sánchez Martínez, quien ha impulsado la transformación del jardín botánico en un centro de investigación enfocado en la biodiversidad.
Aunque el jardín botánico existe desde 1991, la sección conocida como Jardín de los Colibríes y la Gente se consolidó en años recientes como una especie de “isla de recursos” para estas aves.
El Jardín de los Colibríes no funciona como una exhibición tradicional. En realidad, opera como una estación biológica activa basada en principios de ecología de la restauración.
El proyecto fue inspirado en protocolos científicos desarrollados por especialistas de la UNAM, entre ellos la doctora María del Coro Arizmendi Arriaga, considerada una de las principales autoridades en el estudio de colibríes en México.
El jardín utiliza un sistema de atracción dirigida, es decir, se plantan especies vegetales nativas cuyas flores coinciden con las necesidades alimenticias y los periodos migratorios de las aves.
Las flores seleccionadas suelen ser tubulares y de colores rojos o amarillos, características que atraen naturalmente a los colibríes.
Además, el sitio funciona como un espacio de ciencia ciudadana, donde visitantes pueden aprender a identificar especies y reportar avistamientos, convirtiéndose en colaboradores del monitoreo científico.
Uno de los aspectos más importantes del Jardín de los Colibríes es que privilegia el alimento natural. En lugar de usar bebederos con agua azucarada, el proyecto apuesta por el néctar que producen las plantas nativas.
Este enfoque evita problemas de salud en las aves, como infecciones por hongos, y mantiene un entorno más cercano a su hábitat natural.
El jardín también actúa como una especie de “gasolinera biológica” para las rutas migratorias de los colibríes, permitiendo que especies como el colibrí pico ancho y el colibrí berilo encuentren alimento y descanso.
Sin embargo, el proyecto enfrenta desafíos importantes, como los cambios en los ciclos de lluvia, la expansión urbana y el uso de químicos en jardines y campos agrícolas cercanos.
Aun así, el Jardín de los Colibríes demuestra que proteger a estas pequeñas aves de apenas unos gramos de peso, es también una forma de proteger la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas.
Con información de El Sol de México.
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