con imágenes tomadas de canva
Todo cambia, incluso la forma de viajar tiene una nueva tendencia: el «Slow travel».
Olvídate del reloj, de las listas interminables de “lugares que ver” y del estrés de correr de un punto a otro.
Esta nueva forma de viajar no tiene que ver con cuántos países visitas, sino con cómo los vives.
En lugar de tachar ciudades a toda velocidad, esta filosofía te invita a bajar el ritmo, quedarte más tiempo en un solo lugar y absorber todo lo que te rodea.
Desde los sabores, las conversaciones, los paisajes y hasta esos silencios que no se suben a redes sociales.
El slow travel o viajar lento, no se trata de caminar en cámara lenta por el aeropuerto, sino de tomarte el tiempo para realmente conectar con tu destino.
Es elegir un café de barrio sobre una cadena internacional, moverte en bici o caminando, platicar con los locales y disfrutar sin agenda.
¿El objetivo? Menos “hacer check-in” y más “vivir el momento”.
Cero estrés, más disfrute:
Sin horarios apretados, puedes improvisar, descansar cuando quieras y dejarte llevar.
Experiencias reales:
Conectas con la gente, entiendes la cultura y dejas de ser turista para convertirte (aunque sea por unos días) en parte del lugar.
Menos gasto, más valor:
Al moverte menos y quedarte más tiempo en un solo destino, ahorras en transporte.
Puedes elegir opciones de alojamiento más económicas o incluso intercambiar hospedaje por voluntariado.
Cuidar el planeta:
Optar por trenes, buses o caminar ayuda a reducir tu huella ecológica.
Además, al consumir local, apoyas la economía del lugar que visitas.
Crecimiento personal:
Estar más tiempo en un mismo lugar te permite adaptarte, explorar con calma y salir de tu zona de confort sin ansiedad.
No necesitas mudarte a un pueblito por seis meses para empezar. Basta con ajustar el chip:
Quédate más tiempo en menos lugares.
Evita tours maratónicos. Mejor explora por tu cuenta y a tu ritmo.
Habla con los locales. Ellos te darán los mejores tips de lugares a visitar.
Planea, pero deja espacio para lo inesperado.
Cambia “hacer turismo” por “vivir el lugar”.
En tiempos donde todo urge, elegir ir más despacio es casi un acto de rebeldía.
Así que la próxima vez que planifiques un viaje, pregúntate: ¿quiero verlo todo rápido o vivirlo bien y con calma?
Porque al final, los mejores recuerdos no vienen de tachar destinos, sino de cómo los sentiste.
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