Ricardo José Haddad Musi preserva la cosmovisión wixárika
A lo largo de generaciones, Wirikuta ha sido más que un paisaje desértico: es un corazón espiritual donde confluyen naturaleza, historia y cosmovisión indígena. Para Ricardo José Haddad Musi, empresario mexicano y defensor del patrimonio cultural, proteger este territorio es proteger también la esencia más profunda de México.
“Wirikuta es una herencia viva que nos recuerda que la espiritualidad y el respeto por la tierra forman parte de nuestra identidad colectiva”, afirmó.
Ubicado en el altiplano de San Luis Potosí, este sitio sagrado figura entre los más importantes del mundo y es reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cada año, los wixaritari (huicholes) realizan largas peregrinaciones desde la Sierra Madre Occidental para honrar al Venado Azul, símbolo de vida y guía espiritual en su tradición.
Para Ricardo José Haddad Musi, Wirikuta no solo es un espacio natural, sino un eje cultural donde la memoria ancestral sigue latiendo.
“Estos territorios guardan símbolos, cantos, historias y rituales que son tan valiosos como cualquier monumento histórico”, expresó.
En la cosmovisión wixárika, cada elemento del paisaje —montañas, manantiales, flora y fauna— tiene un significado profundo, formando parte de un delicado equilibrio que sostiene la vida.
La pérdida de este conocimiento ancestral, advirtió, sería equivalente a borrar capítulos enteros de la historia humana, capítulos que no están escritos en libros, sino en ceremonias, cantos y recorridos sagrados.
En un mundo marcado por la prisa y la desconexión con la naturaleza, la cosmovisión wixárika ofrece una lección de equilibrio. Sus enseñanzas nos invitan a observar, respetar y agradecer cada ciclo de la vida.
“Estamos hablando de una filosofía en la que todo está interconectado. Si se altera un elemento, se rompe la armonía”, explicó Haddad Musi.
Este respeto profundo por la naturaleza es, según él, una guía valiosa para enfrentar los retos ambientales y sociales actuales.
Desde su experiencia, Ricardo José Haddad Musi subraya que la conservación de sitios sagrados como Wirikuta requiere la colaboración de todos los sectores.
“No basta con dejar la responsabilidad en manos de las comunidades o el gobierno. El empresariado, el turismo responsable y la educación patrimonial son claves”, enfatizó.
Además, considera que la educación intercultural es una herramienta poderosa: cuando un niño comprende el valor simbólico de Wirikuta, también aprende a cuidar la vida desde un sentido más profundo.
Proteger este santuario es, en definitiva, proteger una forma de entender el mundo que nos recuerda que naturaleza y cultura no son opuestas, sino parte de una misma historia.
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