imagen tomada de tvazteca.com
Mientras en gran parte del país apenas se sacan los suéteres del clóset por el frío, en La Rosilla, Durango, el invierno se vive como si fuera Siberia.
A más de 2 700 metros sobre el nivel del mar, esta pequeña comunidad de la Sierra Madre Occidental volvió a ganarse su apodo de “el congelador de México”.
El pasado miércoles, el termómetro marcó -4.5 °C, consolidándola una vez más, como la localidad más fría del país.
Pero eso es apenas un aviso de lo que viene: en enero de 2025, las mínimas alcanzaron los -17 °C, gracias al paso de un frente frío ártico que congeló hasta el aire.
El secreto del clima extremo de La Rosilla está en su ubicación.
Rodeada por montañas, el aire frío desciende por las laderas durante la noche y queda atrapado en el fondo del valle, un fenómeno conocido como inversión térmica.
Sin vientos que lo dispersen ni nubes que retengan el calor, el resultado son madrugadas gélidas, heladas constantes y paisajes que parecen sacados del norte de Europa.
Mientras tanto, en otras zonas frías del norte mexicano, las cifras ni se le acercan: Sardinas (San Bernardo) marcó 1 °C, Santa Bárbara 1.5 °C y Las Boyas 2 apenas 1.9 °C. En comparación, La Rosilla juega en otra liga.
El Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM considera a La Rosilla uno de los microclimas más extremos del país.
Su récord histórico es de -25 °C (registrado en 2011), y aunque el récord nacional lo ostenta Villa Ahumada, Chihuahua, con -30.4 °C, la diferencia está en la constancia: en La Rosilla, el frío no es una sorpresa… es la rutina.
Cada invierno, los habitantes adaptan su vida al clima: casas pequeñas y selladas para retener el calor, estufas de leña, caminos congelados y cultivos que apenas sobreviven.
El agua se congela, los animales buscan refugio y la comunidad resiste otro invierno que desafía el termómetro.
Aunque solemos asociar el cambio climático con calor extremo, también provoca inviernos más severos y fenómenos meteorológicos impredecibles.
En este sentido, La Rosilla se ha convertido en un termómetro natural para estudiar cómo el clima extremo afecta a comunidades rurales.
Universidades mexicanas ya investigan el fenómeno y sus posibles aplicaciones, incluso en proyectos de turismo climático, para atraer a quienes buscan vivir el “frío más intenso de México”.
Durango, Chihuahua y Zacatecas forman el triángulo del frío en México, pero La Rosilla es su vértice más extremo.
Las estaciones de monitoreo de Conagua confirman que esta comunidad es una de las más frías y estudiadas del país, con hasta 150 días al año bajo cero.
El próximo frente frío promete más heladas, vientos de 50 km/h y temperaturas que seguirán bajando.
Pero para los habitantes de La Rosilla, es solo otro invierno en el congelador de México.
¿Tú aguantarías vivir en un lugar donde el invierno nunca se va?
Con información de Excélsior.
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