La historia de María González Salamanca es un ejemplo de esfuerzo que no pasa desapercibido. A sus 81 años, esta mujer originaria de Jaral del Progreso recorre diariamente más de 40 kilómetros para vender pan artesanal, tortillas de comal y dulces típicos.
Su jornada comienza desde muy temprano, preparando los productos que ella misma elabora. Después, inicia un trayecto que puede durar hasta cuatro horas en transporte público, pasando por Valle de Santiago antes de llegar a Salamanca, donde inicia su venta.
María González Salamanca: una rutina de 14 horas al día
El trabajo de María no es sencillo. Su jornada puede extenderse hasta 14 horas, entre la preparación, el traslado y la venta.
Con un diablito plegable, recorre calles, tiendas y casas en la zona centro de Salamanca, pasando por puntos como el jardín principal, el mercado Tomasa Esteves y diversas colonias como San Gonzalo y Bellavista.
“Vengo desde lejos, vendo dulces, pan y tortillas que yo misma hago”, cuenta María, quien inició este camino en 2004 tras la muerte de su esposo.
Al finalizar su recorrido, alrededor de las seis de la tarde, comienza el regreso a casa, llegando cerca de las ocho de la noche.
Una historia de resiliencia y trabajo constante
A pesar del paso de los años, María González no piensa en retirarse. Madre de diez hijos, asegura que este trabajo es su principal fuente de ingresos.
Su historia también está marcada por pérdidas, como el reciente fallecimiento de uno de sus hijos, pero su fortaleza la mantiene en pie.
“Dios me ha dado la fuerza para seguir adelante”, afirma, agradeciendo también a las personas que la apoyan en su camino, ya sea con un gesto de ayuda o un alimento.
Después de más de dos décadas recorriendo calles y comunidades, María continúa trabajando con la misma convicción: salir adelante todos los días.
Su historia es un recordatorio de que la voluntad puede ser más fuerte que cualquier obstáculo.