La historia del acueducto de Querétaro: el legado de un amor imposible

La historia del acueducto de Querétaro: el legado de un amor imposible
La historia del acueducto de Querétaro: el legado de un amor imposible

Más allá de su imponente arquitectura, el Acueducto de Querétaro resguarda una historia de amor prohibido que perdura en el tiempo.

En el centro de Querétaro se alza una estructura monumental que ha resistido el paso de los siglos, el Acueducto. 

Se trata de una obra del siglo XVIII que, con sus 74 arcos de cantera rosa y casi mil 300 metros de longitud, transformó la vida de los queretanos al llevarles agua limpia. 

Desde 1996, el Acueducto es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pero lo que muchos no saben es que detrás de sus arcos hay una leyenda de amor.

 

 

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La historia del acueducto de Querétaro: El marqués y la monja

La leyenda cuenta que Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, marqués de la Villa del Villar del Águila, llegó a Querétaro como un hombre poderoso y respetado. 

Fue durante uno de sus viajes, acompañando a un grupo de monjas capuchinas que se dirigían a fundar un convento, cuando conoció a Sor Marcela. 

Sor Marcela era una joven religiosa de gran belleza y profunda devoción pero era la sobrina de su esposa. 

Aunque esto no evitó que entre ambos surgiera una conexión inmediata. 

Era un amor que no podía ser, marcado por los votos de ella y las imposiciones sociales de la época. 

Sin embargo, aquel sentimiento no se desvaneció.

Sor Marcela, consciente de la imposibilidad de su amor, le pidió al marqués un acto de compasión. 

Este acto sería nada más y nada menos que construir un acueducto que permitiera llevar agua limpia a los habitantes de la ciudad quienes enfermaron por consumir agua contaminada.

Amor transformado en legado

Lejos de olvidar a la monja, el marqués decidió responder con un gesto grandioso. 

En 1726, dio inicio a la construcción de una de las obras más ambiciosas del México colonial. 

Se trataba de un acueducto que conectara el manantial de La Cañada con la ciudad de Querétaro.

Durante más de diez años, cientos de trabajadores erigieron los 74 arcos de cantera rosa que se elevan hasta 28 metros de altura. 

Y así, esta estructura se convirtió en una declaración de amor hecha piedra, una promesa cumplida sin esperar nada a cambio.

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Dicen que cada noche, Sor Marcela rezaba por el alma del marqués. No hubo cartas, ni encuentros secretos, sólo plegarias. 

Él, fiel a su promesa, nunca buscó reconocimiento, aunque en su honor se levantó “La fuente del marqués”, donde cuatro perros, símbolos de fidelidad y servicio, beben alrededor de su figura.

La fuente y el acueducto permanecen como testigos de una historia que nunca se dijo en voz alta, pero que fue escrita en piedra para la eternidad.

Hoy, el Acueducto se mantiene firme y majestuoso, cruzando la ciudad como un susurro del pasado. 

Miles de personas lo admiran cada día, muchas sin saber que detrás de su belleza se oculta una historia de devoción, renuncia y generosidad.

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