La reconstrucción tras desastres naturales en México plantea retos no solo sociales y ambientales, sino también económicos. Para Ernesto Mizrahi, arquitecto especialista en urbanismo sustentable, la arquitectura regenerativa representa una alternativa que, además de ser resiliente y culturalmente adecuada, puede resultar más costo-efectiva a mediano y largo plazo que los modelos tradicionales de vivienda de emergencia.
“El error frecuente es pensar que lo barato hoy será lo más conveniente mañana. Pero muchas de esas construcciones colapsan o resultan inadecuadas, obligando a rehacerlas. La arquitectura regenerativa, en cambio, invierte en durabilidad y en comunidades que pueden autogestionar sus recursos”, explica Ernesto Mizrahi.
Inversión inicial vs. ahorro a futuro
En estados como Oaxaca y Guerrero, donde los sismos han devastado poblaciones enteras, se ha probado que emplear materiales locales como adobe estabilizado, bambú o madera certificada reduce los costos de transporte y genera empleos comunitarios. Aunque la inversión inicial puede parecer ligeramente mayor que la de una vivienda prefabricada estandarizada, el ahorro se observa en la menor necesidad de mantenimiento, la resiliencia ante futuros fenómenos y la autonomía energética gracias a sistemas como paneles solares y captación pluvial.
Mizrahi señala que la arquitectura regenerativa genera también un efecto multiplicador en la economía local, pues los recursos se quedan en la comunidad en lugar de destinarse a grandes proveedores externos. Este círculo virtuoso fortalece tanto la reconstrucción física como el tejido social.
Un modelo escalable para México
México ha registrado más de 50 desastres naturales mayores en las últimas dos décadas. Según Mizrahi, aplicar la arquitectura regenerativa en las políticas de vivienda no debe verse como un gasto extraordinario, sino como una inversión estratégica que reduce vulnerabilidades estructurales y sociales.
“Invertir en proyectos regenerativos significa menos pérdidas económicas en el futuro. Es un modelo que protege vidas, reduce costos de reconstrucción y, al mismo tiempo, dinamiza economías locales”, afirma el arquitecto.
Para Mizrahi, este paradigma debería replicarse más allá de la emergencia, aplicándose en zonas urbanas y rurales con problemas de marginación. “El futuro de la vivienda está en el equilibrio entre economía, cultura y medio ambiente. Si se construye con visión regenerativa, se construye con justicia social y con inteligencia financiera”, concluye.
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