Trancas de Michoacán es el nombre que debes recordar si eres de los que viajan con el estómago por delante, porque en Uruapan hay un platillo que no solo llena… también sorprende.
En este pueblito michoacano, Doña Bety lleva alrededor de 80 años preparando una receta que se ha vuelto tradición: unas trancas de 40 centímetros bañadas en mole casero que han conquistado a locales y visitantes por igual. Más que comida callejera, es casi una experiencia.
Uruapan, además de su riqueza cultural y natural, guarda este secreto culinario que convierte cualquier paseo en una parada obligatoria.
Trancas de Michoacán: el antojo que no pasa desapercibido
Aunque el nombre puede sonar común, lo que hace Doña Bety está lejos de serlo. Las trancas son una especie de tortilla alargada, similar a una flauta gigante, con una textura crujiente que sirve como base para una mezcla de sabores intensos.
Van rellenas de distintos guisados como picadillo, papa, frijol, chicharrón o adobo. Pero lo que realmente las vuelve inolvidables es el toque final: un mole casero preparado por la propia Doña Bety, que cubre cada pieza y eleva el platillo.
Aunque tradicionalmente se entregan en bolsa, también pueden servirse en un plato sencillo, partidas a la mitad y acompañadas con salsa verde. Todo por un precio accesible de 50 pesos.
Para mantenerlas calientes, utiliza un horno metálico con carbón, lo que les da ese toque recién hecho que las hace aún más irresistibles.
Más allá del sabor: qué hacer en Uruapan
Visitar Uruapan no solo es ir por comida. El destino ofrece múltiples atractivos como el Parque Nacional Barranca del Cupatitzio, la cascada La Tzaráracua o el Mercado de Artesanías.
También puedes recorrer espacios como la Plaza Morelos o el Centro Cultural Fábrica de San Pedro, ideales para complementar la experiencia.
Pero siendo honestos, hay algo que difícilmente vas a olvidar: esas trancas de Michoacán que, con cada bocado, cuentan una historia de tradición, sabor y calle.
Con información de Guacamole.











