Desde que era niña ya escuchaba a mis amigas platicar que no tenían deseos de tener hijos, pues una de las metas de vida, aunque estuvieras muy pequeño y el pensar no correspondiera a esa etapa de vida, era poder viajar y terminar una carrera sin ningún tipo de responsabilidad.
Claro está, esto tal vez les va a sonar egoísta, pero en estos tiempos no se puede pensar de otra forma… Primero yo, tengo muchas metas que lograr, después yo, siempre yo.
Las mujeres de ahora tienen muy claro esto.
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Simone de Beauvoir fue la primera feminista en señalar la maternidad como atadura para las mujeres, al intentar separarla de la idealización que colabora a mantenerla como único destino femenino.
Ella negó desde siempre la existencia del instinto maternal, diciendo que esto fue impuesto por una sociedad que quería mantener a la mujer situada en algún lugar, donde la tuvieron bajo control durante mucho tiempo.

Reinterpreta el cuerpo materno indicando que no es un cuerpo biológico, más bien se trata de un cuerpo cuyo significado biológico se produce culturalmente al inscribirlo en los discursos de la maternidad.
¿Romantizar o des-romatizar?
Cuando se habla de romantizar la maternidad, siempre se habla de una manera positiva y sumamente esencial para construirnos como mujeres.
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Las mujeres usualmente oímos de la boca de los demás “ser mamá es lo mejor que puede pasarte en la vida” “tener hijos es la máxima realización femenina”, ¿para cuándo los hijos?, una infinidad de afirmaciones saliendo de la boca de los demás que nos han hecho pensar a algunas la idea de tener hijos, para así construir el camino de la felicidad.
También la industria sigue y seguirá mostrándonos en revistas, anuncios, en películas, a madres con sus bebés sonrientes, sumamente complicidas mientras se entregan a la lactancia sin ningún descanso, sin ojeras, pese a velar el sueño de sus retoños.

Todas ellas realizadas a plenitud mientras cocinan, limpian, cambian pañales, preparar papillas, etcétera.
Ahora ¿qué sucede con aquellas madres que ya están cansadas o con sentimientos a flor de piel y frustración, con las que rechazan la lactancia porque les duelen los pechos y están de mal humor porque apenas han dormido tres horas?
En la última década ha tomado fuerza la necesidad de des-romantizar la visión idealizada y perfecta de la maternidad.
Está bien enseñar su lado bello, pero también el oscuro.

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