En tiempos pasados, El Barrio Arriba y el ahora Mercado Allende eran lugares vibrantes que guardaron muchas memorias.
Unas de ellas, las de mis abuelos, quienes nacieron, se criaron y se conocieron en el Barrio Arriba.
Hoy en día, el barrio enfrenta un cambio radical y el olvido se cierne sobre sus calles.
«Ahorita el barrio está mas fregado porque se fueron los curtidores, ya no hay bancos, había muchos bancos y casas muy bonitas».

Uno de los cambios más notorios es la partida de los curtidores, una industria que alguna vez floreció en el corazón del barrio.
El Barrio Arriba albergaba cuatro bancos cuando mi abuela trabajaba en uno de ellos.
A pesar de los desafíos actuales, todavía mantiene algo de su encanto.
Comida, comida y más comida en el Barrio Arriba
Si algo le gusta a mi abuelo, es comer bien y muchos de sus recuerdos se encuentran en su paladar.
«Eran muy famosas las tunas, la birria de Aristeo era muy famosa y las gelatinas de Don Chon».
«Había una tienda muy famosa que se llamaba Coruña, vendían chocolates finos, todo para hacer repostería lo podías encontrar ahí y una panadería que se llamaba La Central, bueno creo que esa todavía está ahí».
«Había un señor muy famoso, llegaba con un burrito cargado con tinajas de pulque y aguamiel, el tapón era un rodete de hoja de maguey».
«En la tarde pasaba un carrito gritando, vendiendo garbanza, unos que parecen frijoles verdes, tiernos, calientitos y con sal, también pasaba el camote».

Refresquería de Don Chilo
Después de mucho tiempo, me fuí a dar una vuelta a la refresquería de Don Chuy, mi abuelo iba, mi padre también y ahora yo llevé a mi novio a que conociera el lugar.
«Chilo el de los chocomiles, a deber empezado cuando él tenía unos 20 años y yo 7, yo creo».

La recomendación de mi abuelo fue la siguiente:
“A los Chocomiles conviene irse temprano, puedes pasar por tu chocomilk y luego pasear por ahí o ir a desayunar”.
Y así lo hicimos, pasamos por un chocomilk y platiqué con la hija de Don Chilo, después pasamos a una panadería por un delicioso bolillo con queso.
Esa es otra experiencia que no se pueden perder, entrar a la panadería y tomar un bolillo recién hecho junto al horno.

Una infancia en el Barrio
Mis abuelos me contaron que la calle era su patio de juegos, y no tenían que preocuparse por la inseguridad.
«Jugábamos, en tiempo de los trompos, los trompos, baleros y se jugaba de a dinerito o de a canicas, casi nunca era dinero».
Me explicó los diferentes juegos con las canicas, como “El cuadrito”, y cómo desarrolló una puntería increíble con las canicas.
«En donde está la escuela, enfrente, ahí se ponían los boleros, en aquel tiempo toda la gente nos boleábamos los zapatos, porque los tenis nomás eran para hacer deporte».
«Luego cuando te estabas boleando los zapatos salía plática o llegaba el merenguero».
La parroquia local sigue siendo un punto focal, en su momento a mi abuelo lo llevaban los domingos a misa de 6 o 7.
“Había veces que nos íbamos a misa a esa hora y el padre era buen aficionado al fútbol, ya después nos poníamos a echar cascarita con los padres”.

La despedida
«A los 24 años, nos casamos y decidimos irnos a CDMX, ahí nació tu papá».
Aunque los tiempos han cambiado y el Barrio Allende ha visto días mejores, las memorias de aquellos días dorados siguen vivas en el corazón de quienes lo llamaron hogar.
Este rincón olvidado de la ciudad atesora una rica historia que merece ser recordada y preservada para las generaciones futuras.
TAMBIÉN PODRÍA INTERESARTE:
Fiesta de los Panecitos, tradición desde el siglo XIX
Perfil del Autor
- reginayebra
Últimas notas
Estilo de vida8 de diciembre de 2023Sesión de fotos navideña con causa en el parque metropolitano
Historias5 de diciembre de 2023Refugio de perritos en Celaya se encuentra en peligro por embargo
Estilo de vida2 de diciembre de 2023Cartelera de eventos para disfrutar diciembre en Guanajuato
Cultura24 de noviembre de 202310 Datos curiosos de Diego Rivera
Un comentario